La batalla y la calma


Dentro de mí vive un monstruo insaciable. Es una criatura extraña. Mágica. Inquisitiva. Silenciosa. Con una fuerza superior a mí. Ahora lo entiendo mejor: mi curiosidad alimenta mi creatividad. No es hasta ahora que puedo expresarlo en palabras, al menos en éstas palabras.

Me considero una artista multifacética y prolífica. Inquieta. Tengo la fortuna o tragedia (depende de como se mire) de tener excelente memoria e imaginación. Soy capaz de recordar números, códigos, claves, rostros, cartas, escritos. Por eso puedo pasar del grabado a la ilustración a la fotografía al diseño de accesorios al corte de papel (papercutting), al libro artesanal, al diseño de modas sin tener mayores problemas, solo los que cada medio requiere en materiales.

 

Disculpen si todo esto aquí parece un mar de auto halagos y de un yoyeo de mal gusto. Todo esto viene por que hay un medio que siempre me ha paralizado: la pintura. Y todavía no entiendo del todo porqué. He intentado en varias ocasiones “domesticarla” sin mayores logros. Hace poco, el domingo para ser exacta, decidí buscar un par de canvas pequeños (5” x 7”) que tenía guardados desde hace meses, casi un año. Y decidí pintar. 


 

Dos de las diosas de la serie y proyecto #365daysofyourinnergoddess resurgieron en el proceso, una en canvas la otra en papel. Mi proceso siempre empieza caótico con la pintura no así con otros medios. Comencé a sentirme ansiosa, molesta y rabiosa. Tanto que la música me molestaba. Todo me molestaba. Por suerte estoy sola por éstos días y nadie salió afectado. Y como soy un espíritu consciente de las energías que me viven y me provocan, me pregunté porqué. Porqué con la pintura me siento al borde de la batalla y llegué a la siguiente conclusión: por perfeccionista y por miedo.



 Después de asumirlo y entenderlo todo cambió. Sigo siendo perfeccionista (no sé cómo curarlo) y el miedo siempre me viste, es un velo que está aquí y ahora. –“No puedo controlarlo todo y tampoco puedo aprenderlo todo en un segundo. Mi arte primero es para mí”. Cuando internalicé esto me sentí mejor y puse nuevamente “Dead can dance” y empecé a sentir calma. Poco a poco, la imperfección me fue guiando, sí aunque suene raro. Me dejé llevar por el gusto de hacer y de ser libre, aún cuando dentro de los procesos creativos la disciplina extrema y el control pueden bloquear el fluir de las ideas. Me di el gusto de seguir y hacer algo para mí.

 

Qué importa si no tengo todo el control. Qué importa si a nadie le gusta. Qué importa si no tengo un taller. Qué importa si trabajo en la cocina con calor. Qué importa si no tengo los pinceles adecuados o la pintura o los materiales caros. Hay quienes tienen una casa de tres pisos, tienen taller o estudio, tienen viajes, tienen dinero y los mejores recursos y aún no es suficiente para crear.

 

Yo no tengo nada. Solo mi pequeño monstruo insaciable y para cuidarlo le he prometido pintar más. Mientras más lo haga más domesticado estará. Ya tengo otra pintura en proceso y un “wishlist” secreto en Dick Blick con acrílicos y pinturas de aceite. Por lo pronto el acrílico es el que está en mi lista, ya luego vendrá el óleo y en agosto viene la serigrafía. Ven, ven que es ¡insaciable!


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