A dos semanas...

Solo han transcurrido un par de semanas desde que inicié mi proyecto #365daysofyourinnergoddess y me ha parecido que han pasado meses. Es difícil invocar la felicidad por éstos días. Es difícil no sentir desesperanza y rabia. Es difícil no sucumbir a los pensamientos más oscuros y rendirte. Es difícil, muy difícil.

 

Pero estoy construyendo con un esfuerzo mayor (ustedes no se imaginan cuánto) las pequeñas rutas que me guiarán a la felicidad. En éstas dos semanas he sentido un gran deseo de “quitarme” , este sentimiento de perder más que ganar me está haciendo mierda. Pero entonces alguien desconocido me escribe que mi trabajo le inspira y recargo un poco las fuerzas, me recojo los pedazos y con todo el dolor del cuerpo y de la vida sigo. Sigo quitando las piedras pequeñas y peñones. Sigo como un animal herido y salvaje y que todavía no muere. Sigo tratando de romper los nudos del estancamiento. Sigo anotando ideas, borrando sueños para volverlos a escribir de manera más simple. Sigo, sigo y sigo.

 

No sé a dónde llegaré. No sé si será lejos. Si me quedaré en este maldito estancamiento que va como la polilla, cavando en mí el paso fúnebre de una vida que quiere lograr cosas y hacer. Honestamente, hace tiempo que ya no sé cuál es y será mi destino. Lo único presente que tengo es que moriré de vieja y pobre. Aún este sentimiento de miserabilidad me viste, muy fuertemente. Por ahí leí que ventilar es declarar. Que no lo haga. Básicamente, estoy declarando mi muerte. ¿Acaso importa?

 

Escribo como limpieza. Escribo como recurso. Escribo porque tengo que hacerlo. Escribo para limpiarme.

 

Aquí y en FB solo publiqué las pequeñas diosas hasta el día 11 y 12 (más o menos). Solo he seguido en Ello y IG. Pronto las publicaré en Patreon y añadiré las que falten a Etsy. 

 

Estoy en los pasos finales de las ilustraciones para un libro infantil, un proyecto secreto que he venido trabajando desde hace un par de meses. Ha sido fascinante y muy agotador. Mi cuerpo ya lo resiente. He estado varios días con fiebre, sin calmarse, de cama el último día. Éstas son las señales del agotamiento físico y mental. En realidad estoy quemada (“síndrome burn out”). Lo peor es que no puedo parar. Sin dinero, sin nada en la nevera, no puedo parar, soy una esclava del siglo 21. 

 

Mañana sábado veré un nuevo apt. fuera del Viejo San Juan, si ya me despido de esta ciudad, la gentrificación ha sido efectiva en marcarnos como gente pobre e indeseada. La mudanza está a la vuelta de la esquina y pronto tendré que conservar las únicas fuerzas que me quedan para ello. Aún no sé si tendré trabajo en julio, ni si tendré el dinero para el depósito y mudanza. Pero ya veremos. Así las cosas.

 

Sobre el proyecto, espero continuarlo pese a todo. Me aferro como los religiosos a sus imágenes. Me aferro a la creación como mi último recurso, al menos hasta donde pueda. Tengo planes de llevarlas a NY el próximo año (esto es un sueño declarado) y tengo planes de dar un taller en verano (después de la mudanza). Otros planes irán accionándose en el camino. Aún me faltan 349 días con sus respectivas diosas. Aún hay mucha creatividad que concretar. Sí, estoy adolorida y derrotada, pero aún vivo y respiro. Aún quiero ser feliz y la voy a encontrar.

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