Diario de la grafía: resistir


No tengo otra cosa. Escribir es lo que me queda. Escribir para resistir. Escribir para llorar. Escribir para vomitar. Escribir para escupir. Escribir para crear. Crear un no se qué. Crear desde lo roto, la carencia, la precariedad, la tristeza que ya es tan habitual. Escribir para romper con la rutina. Escribir desde la rutina. Lo que cansa. Lo mismo todos los días. Escribir porque no hay vacaciones. Escribir porque no hay plan médico. Escribir porque no hay sueños. Escribir lo presente porque quema. Duele. Te enloquece. Te obsesiona. Escribir porque no hay salida. No hay otra cosa. No hay posibilidades de crear, de salir fuera.

 

Escribir como ternura. Como arrullo para el espíritu. Para hacer algo productivo con mi siquis. Para recogerme los pedazos, una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez. Escribo para los intentos. Intentos de vivir. Intentos de felicidad. Intentos de descubrir lo diferente en lo mismo. Escribo desde una isla jaula. Desde una jaula isla. Desde la jauría que vive dentro. Desde los espíritus que llevan mi mano. Desde el manicomio isla. Desde la isla manicomio. Desde el borde. Desde el precipicio. Escribo confiando en la oscuridad, por éstos días es lo único seguro. Escribo desde abajo, desde la mierda, desde el fango, desde el espacio más profundo que el piso. Escribo porque quiero levantarme. Quiero un cambio drástico o sencillo, pero un cambio. Escribo porque quiero crear. Escribo porque el tiempo no me deja. Porque ya soy vieja. Porque no hay salida. Porque no sé que pasará. Escribo desde la incertidumbre. Desde la sombra. Desde lo nublado. Escribo para definirme. Para ser alguien, al menos para mí. Para combatir el olvido. Escribo porque es mi arma. Así resisto. Así, simplememte, resisto.

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