Diario de la grafía: intentar


A veces pienso, (la mayoría de las veces) que es mejor escribir desde el lado en donde todo está roto. Sencillamente por que ya no tienes nada que perder. Los felices, los privilegiados, los ricos, los ganadores, los que lo tienen todo…apenas pueden emitir palabras. No las necesitan. No hay de qué quejarse o qué construir: ya lo tienen.


Pero eso es solo un pensamiento que me sale desde el abismo y sé que no puedo juzgar la vida ni las acciones de la gente. Sé que todos tenemos o hemos tenido en algún momento la necesidad de escribir.


Mis diarios de la escritura, no son otra cosa que un desahogo, un arma, un espacio para dilucidar formas de escape en esta abrumadora realidad. No son para otra cosa.


Y los uso, mis diarios, para descifrar formas en las que intentar cambiar. Crear. Hacer.  Puedo decir que me ayudan a crear espacios para la creatividad. Para los intentos de construir un camino que pueda llevarme a vivir de lo que hago, no en el tiempo que me sobra o mejor dicho me falta, sino a construir la vida entera alrededor del arte y del diseño.


No es que me ayude a organizar ideas (que sí, me ayuda). Es que me ayuda a filtrar el odio y la rabia, la incertidumbre, el estancamiento, la frustración, el dolor, la impunidad, la precariedad, en fin… lo perdido. 


A veces siento que me falta el aire. Es el síntoma de vivir en una jaula, día tras día tras día. Es el efecto de no tener vacaciones de tener poco descanso. A veces el pánico me sobreviene. Ese sentimiento de que nunca saldrás de la rutina. Por eso corro. Por eso me desmadro la vida en millas y en mi delgadez.


Al final escribo para poder crear y diseñar y construir la vida que el universo me niega una y otra vez. Escribo para hacer espacios de amor dentro de mí. 


Desalojar lo que me ciega. Lo que me absorbe. Ya estoy tan cansada…

Pero aún así, me doy esta oportunidad, again, para intentar, eso, intentar lo efímero.

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