Diario de la limpieza: lo material

He logrado avances. Vendí mis dos libreros. Regalé y regalo mi biblioteca. Todos los libros de hacer libros. Todos los libros de historia. Todos los libros de cuentos. Todos los libros de literatura. Por ahora me quedé con la poesía y Paul Klee, algunas cosas que aún siguen conmigo.  Estoy vendiendo mi mesa de ferias, marcos, herramientas, materiales. Me quedo solo con lo imprescindible, por ahora. Lo poco. Lo que merezco. 

La ropa. Los zapatos. Las carteras, la joyería creativa también se van. 

Aprendo a despegarme. Aquí hay mucho dolor. Mucho peso. Dolerse desde el vacío es limpiarte de lo que ya no serás. Es morir de una manera consciente. Y en todo esto el alivio es medicinal. Lo pierdo todo. Pero está bien. No espero lo nuevo. No se si llegará. Todavía el miedo me detiene. Sí, volvió y aquí está, me acompaña. 

Buscar entre los escombros de mi caos y destrucción me ha hecho volver a ver, creo que nunca lo he dejado, la fotografía como una forma de contar y guardar lo escondido en mi corazón. Guardo imágenes cotidianas. El diario de lo común. El diario de lo ordinario. La vida a pedazos. Pequeños pedazos para aprender otra vez el lenguaje del misterio. La belleza simple y aburrida. La  emoción de un cuento que no sabes como empezó y si tiene fin. Nada profesional. Mas bien un ejercicio íntimo que tiene mi ojo y su obsesión por traducir lo que a nadie le importa. Mi lenguaje es en vano. 

Y así me gusta. Vuelvo a tener mi blog de fotografía. En VSCO. Life and illustrations. Todo muy mío.  

Mudarse es una tristeza profunda. Debería estar acostumbrada pero todavía deja huellas. Todavía duele la ausencia de los espacios que una vez fueron ocupados. 

Pierdo cada vez más. Adiós es una palabra que pesa. Presente es una palabra que duele. Presente tiene filo y te troza las resistencias. Presente es un combate. Presente es inestable. Presente es la vida hecha mierda. 

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