Diario de la limpieza: lo interno

No hay limpieza mas ardua, ésta de lo interno. Abrirse como una casa vieja. Ver el polvo incrustado en los rincones. Los sueños podridos. La risa obsoleta. Los deseos de algo mejor estancados en enredaderas de memorias. Todo junto. Pasado y presente. No hay hueco para el futuro. Y así este cuerpo se abre, para limpiar la mugre pegada. Una radiografía vieja y sucia de la persona que una vez soñó que podía lograr cosas. 

Claro que un atisbo de resentimiento se resquebraja en la piel. La memoria es activa recordándome lo perdedora que he sido. Claro que una terrible melancolía se asoma por mis ojos. Nublados ojos. Nublados y derrotados. 

Pero allí, en plena penumbra es que empieza mi limpieza. Descartar las ideas viejas y que no se ajustan a mi. Descartar la lista de la vida. Esa que los adultos se empeñan en marcarte con el carimbo de un camino trazado solo a la luz de sus prejuicios y privilegios cuando eres niña. 

Casa. Viajes. Marido. Estudios. Hijos. Negocio. Exito. Retiro. Felicidad. Dinero. 

Ahora soy adulta. Y juro que intenté todo lo posible por obtener lo que en mi piel marcó la sociedad. Pero yo no soy hija del privilegio. 

Por ahora, mi única arma es la escoba. Limpio mi mente y espíritu. Nada fácil. Empiezo por quemar la idea de volver a estudiar y terminar mi maestría para ir tras el doctorado. Ya sé, desde la oscuridad y el sacrificio, que no están en mi camino. 

Un amigo me dijo: de la deuda que me libré! Aprendo a ver lo positivo y a reírme de mi misma y hasta un poco de los demás. 

Procuro la liviandad (no se si esta palabra existe). Y en ese afán me fui soltando pasados y sueños envueltos en cajas, papeles, diarios, dibujos. 

Rompí con todo. 

Aún rompo con todo. Yo también estoy rota, mis pedazos apenas me componen. Ya no hay prisa. Eso es un alivio. En la tormenta oscura juré quemarlo todo un día y arder hasta no regresar. Ya no tengo un plan. Eso también es un alivio. Quizas algún día los sorprenda con una guaguita de pancakes y waffles. Me hago chistes todo el tiempo. Si, me río mucho de mi. Eso es tremendo alivio. 

Mientras pasa todo esto voy cantando bajito, muy bajito: 

Depuro. Purgo. Limpio. 

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