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Mostrando las entradas de abril, 2017

Diario de la limpieza: lo encontrado

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No es raro lo encontrado en las mudanzas.  De hecho, es habitual. Es como un portal en donde lo expuesto se oculta y viceversa. La costumbre te hace olvidar lo existente. La misma manera de ver. Hasta que el golpe de cambio se presenta. 
No había olvidado mi pequeña colección de zines. La sabía presente.  Pero no la había visto desde hace tanto. Y así llenita de polvo la volví a leer y ver. Es de lo poco que conservo. Es de lo poco que seguirá conmigo. Es de lo poco que estará en mi lista de crear. 
Aún no estoy en condiciones de darle espacio a nuevas ideas. Mucho pasando ahora. Mucho ruido. Inestabilidad absoluta. Mucha oscuridad. Sin rumbo y perdida. Derrotada en todo. A la deriva. 
Por lo pronto colecciono fotos, sonidos, palabras, sinónimos, sombras y muchos, muchos espíritus. 

Diario de la limpieza: lo material

He logrado avances. Vendí mis dos libreros. Regalé y regalo mi biblioteca. Todos los libros de hacer libros. Todos los libros de historia. Todos los libros de cuentos. Todos los libros de literatura. Por ahora me quedé con la poesía y Paul Klee, algunas cosas que aún siguen conmigo.  Estoy vendiendo mi mesa de ferias, marcos, herramientas, materiales. Me quedo solo con lo imprescindible, por ahora. Lo poco. Lo que merezco. 
La ropa. Los zapatos. Las carteras, la joyería creativa también se van. 
Aprendo a despegarme. Aquí hay mucho dolor. Mucho peso. Dolerse desde el vacío es limpiarte de lo que ya no serás. Es morir de una manera consciente. Y en todo esto el alivio es medicinal. Lo pierdo todo. Pero está bien. No espero lo nuevo. No se si llegará. Todavía el miedo me detiene. Sí, volvió y aquí está, me acompaña. 
Buscar entre los escombros de mi caos y destrucción me ha hecho volver a ver, creo que nunca lo he dejado, la fotografía como una forma de contar y guardar lo escondido en mi …

Diario de la limpieza: lo interno

No hay limpieza mas ardua, ésta de lo interno. Abrirse como una casa vieja. Ver el polvo incrustado en los rincones. Los sueños podridos. La risa obsoleta. Los deseos de algo mejor estancados en enredaderas de memorias. Todo junto. Pasado y presente. No hay hueco para el futuro. Y así este cuerpo se abre, para limpiar la mugre pegada. Una radiografía vieja y sucia de la persona que una vez soñó que podía lograr cosas. 
Claro que un atisbo de resentimiento se resquebraja en la piel. La memoria es activa recordándome lo perdedora que he sido. Claro que una terrible melancolía se asoma por mis ojos. Nublados ojos. Nublados y derrotados. 
Pero allí, en plena penumbra es que empieza mi limpieza. Descartar las ideas viejas y que no se ajustan a mi. Descartar la lista de la vida. Esa que los adultos se empeñan en marcarte con el carimbo de un camino trazado solo a la luz de sus prejuicios y privilegios cuando eres niña. 
Casa. Viajes. Marido. Estudios. Hijos. Negocio. Exito. Retiro. Felicidad. …

Diario de la limpieza: empezar

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Todo rompió conmigo. Ahora empieza la limpieza. Me toca a mi romper con todo. Después de la oscuridad solo queda recogerte, limpiarte como puedas, purgar los escombros, desechar, aún doliendo el afecto, todos tus bienes. Lo que eres, lo que fuiste, lo que quedó después de rendirte. 
Eso. Que el primer paso para limpiar es rendirte. 
Y pienso en esa historia de Job. La mía será diferente. Ya las cosas buenas no llegarán. O mejor es decir que no las espero. 
Nada espero. No puedo. Hay mucho que recoger y quemar y limpiar. Mi orden, al menos, ya empieza.