diario del odio: la última página


La realidad es que no sé si será la última página. Por ahora, termino mis diarios del odio. Comienzo uno nuevo. No es que me sienta mejor, aunque de alguna manera si. Esa es la ventaja de tocar fondo, lo único que puedes hacer aparte de llorar y maldecir, es ir levantándote poco a poco. 

No tengo que decir que mis días y noches en las pasadas semanas han sido nefastas. De sobra sé cuánto duele el alma golpeada. Rumiar y llorar como un animal herido. Hasta que te rompes. El tiempo pasa y hay días en que rumiar y gruñir es todo el lenguaje existente. 

La cura entonces es tocar fondo, bien abajo, bien perdida en tu propia oscuridad, a veces peligrosa. 

Solo así, en esa muerte lenta y oscura, es que vas vaciando, soltando, vomitando todo lo que no sirve. Te rindes, ya bien abajo, porque no hay fuerzas... solo para dormir. 

Y eso hice. Olvidarme de todo, duele el quiebre, créanme duele. Hubo días que solo podía dormir porque ni la comida ni la realidad soportaba. 

Solo quería acurrucarme en la esquina abandonada de la oscuridad. Pensé mucho, lloré más. 

Y rendida tomé una decisión: no pelear más, al menos por ahora. 

Todavía pienso mucho, todavía lloro monzones trágicos y arrasadores. Y seguiré, aún ésta limpieza sigue, en realidad... apenas comienza. 

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