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Mostrando las entradas de diciembre, 2016

Adiós 2016...

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Hace unos meses atrás, mis palabras de despedida para este año 2016, eran unas rabiosas y resentidas. Y no es que ya no sienta esa rabia, puede que un poco de sinismo las ocupe, pero así soy. Sin embargo en éstos últimos días del año el "post" original ya no tiene sentido.
He pensado mucho en lo vivido. He contado mas fracasos que éxitos. He perdido. He llorado casi a diario. He sentido el abandono mas profundo. El desamparo ha sido parte integral de mis días. Este 2016 ha sido duro, realmente duro.
Y le digo adiós con mucho sentimiento. Como quien se despide de la dureza, de un viejo amor que no funcionó. Despedirse siempre es un acto liberador, dual, hay un dolor que se recuerda hay una esperanza que nace.
Y te despido, año viejo, con las ganas de que te vayas. Te despido con tristeza. Te despido con un infinito agradecimiento por todo lo perdido. Te despido reconociéndome en mi caos y oscuridad.
Aprendí a vivir con menos. Aprendí a comer menos. A no visitar una tienda en…

Un par de lunas

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Desde hace un par de meses que tengo la urgencia de limpiar y no he podido. Solo en pequeños ratos, pero nunca son suficientes. 
Ayer, domingo, con esa tristeza de sus horas. Revolví una de las cajas que lleva tirada desde hace mucho. Mi caja de herramientas de joyería. 
Comprobé lo que imaginaba. El olvido y el polvo han hecho estragos. Tanto que me toca, un poco más adelante, botar muchas cosas, desde pinzas hasta cuentas. Cuántas memorias se esconden entre el sucio y el polvo. Cuánto hay de desesperanza en las herramientas que una vez nos anclaron a la vida y ahora las veo morir de moho y olvido. 
Tantas cosas que se mezclan. Tantas cosas que cambian. Dejar de hacer joyería fue una decisión propia que no pasó sin dolores. Negarme a crear en lo que tanto había invertido: materiales, corazón y tiempo. Tuvo un precio, sin duda. 
Nunca dejé de quererla. Cada vez que me preguntaban (todavía lo hacen) por mis únicos trabajos de joyería, les decía (con dolor) que ya no lo hacía. Lamento haber…

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Hay finales que te llevan a sorpresivos comienzos. Quizás no son tan sorpresivos cuando se está tan abajo, tan perdido en las sombras de las dificultades. Quizás es un acto de defensa. Quizás es el último suspiro antes de mirar hacia la nada, esa que te asfixia y te estrangula. 
Y en el piso, pateada por la vida, te preguntas si es posible caer aún más abajo de dónde estás. Dicen que si te caes, del piso no pasas. Y yo creo que sí, la vida siempre te puede hundir más profundo. 
Desde esta perspectiva en que estoy, desde el piso, desde abajo, la visión de algunas cosas surgen como armas contra el deseo de muerte o como la esperanza, agrietada y frágil, pero ahí. Evidentemente es un acto de sobrevivencia. Es un acto guerrero. 
Cuando la rabia ya no es más que la voz cotidiana de la pobreza. Cuando las posibilidades para un mejor futuro son motas de polvo absorbidas por la lucha continua, este "no poder sacar los pies del plato", no queda de otra que volver a comenzar, a repensar,…

Por fin llegas diciembre...

Y finalmente tú. El último mes. El final simbólico de un año lleno de lágrimas y profundas tristezas. Me convertiste en habitante del caos, del abandono, de la pobreza. 
Diciembre, que irónico eres. Todo el mundo de fiesta, tus días hermosos y acá adentro nadie advierte las grietas. 
Llegaste con el cansancio. Con la rendición a cuestas. Con la neblina de la incertidumbre. Con la abrumadora sensación de que todo está perdido. 
Pero quiero creer que no. Todo está tan nublado que no puedo ver ni mi propia sombra. A ciegas construyo una mejor versión de mí. 
Honestamente no guardo esperanzas de nada, pero quiero y lo necesito, creer que de aquí saldré. Repetir hasta el cansancio que no todo está perdido. Tengo el pecho abierto para recibir todas las lecciones, duras y crueles, arrasadoras lecciones. Lucho contra todo asomo de lágrimas para creer que de aquí saldré. Qué todo pasará. Que era y ha sido necesaria esta gran lección. Que documentar mi destrucción sirva para no olvidar toda la…