Una larga noche...

Irene llegó como la esperábamos, algunos cambios de última hora, esto es usual. No suelo prepararme tan seriamente como el resto de mis compatriotas. Un par de cosillas en el super y un libro a la mano para leer como pueda en la oscuridad. Cerca de las 10:30 de la noche todavía tenía luz, me quedé dormida viendo la tele (esto es costumbre). Una hora y media más tarde el viento anuncia su llegada. Dormir no se me dá bajo éstas circunstancias, demasiado alerta mis sentidos, demasiada acción en mi cabeza, demasiados ruidos. Tranquila, pensando y pidiendo piedad por la gente que vive en la calle, por las aves, por los animalitos huérfanos de amor, tristeza y cobijo trataba de dormir.

A veces quisiera ayudar a todos, me repito en momentos como el de anoche, una gran compasión me invade. Trato de pensar en cosas positivas, porque a esa hora la mente me juega trucos y no quiero deprimirme. Pienso en mi próxima colección de joyería: sueños de luna, en organizar mis ideas (que las imagino en torbellino como las hojas arrancadas a los árboles, tras 50 ó 60 millas de viento), pienso en todo lo que quiero hacer, en cómo lograr salir de dónde trabajo, en la incertidumbre de los golpes del viento. Y otra vez me invade la inquietud así que trato de dormir pero lo que tengo son pesadillas.

Me levanto varias veces a mirar por las ventanas y sentir aún con todo cerrado la fuerza del viento. Me acuesto, se vá la luz, me levanto y le coloco el oxígeno de emergencia a la pecera. 2:45 de la mañana, ambos despiertos buscamos el radio a escuchar a los que no pueden dormir y a los que informan lo sucedido. 

Sigo mirando afuera, un poco aturdida por el cansancio, pero no puedo dormir. Y se me antoja pensar que este País, esta latitud, este Archipiélago nos define. No podría ser de otra manera, el viento con tanta furia mece los árboles como si fueran de goma. Este Caribe caliente, suceptible, mixto, tan contradictorio y tan hermoso. Hay belleza en la furia del viento, hay magia en el rumor del mar, hay una fuerza más allá de toda vida, no sé cuál es ni como se llama, sé que la hay.

Como me dijera mi querida amiga Su, este plano es superficial y el profundo nos espera. Anoche no tuve miedo, anoche fué una larga noche.

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