Carta al tiempo...


Si supieras cuántas veces pienso en tí y en mí. Cuántas veces he deseado hablarte y preguntarte tantas cosas, preguntarte por ejemplo: cómo puedo superar la ilusión de haber perdido caminos a lo largo de mi vida? Preguntas sencillas y tontas, como porqué te vas tan rápido? Supongo que la velocidad es relativa. Tiempo, a veces he deseado enormemente volver hacia tus recuerdos y decir las palabras que no dije, las que soñé, las que escupí…

Sábes, cuando me miro en el espejo del baño en las mañanas te siento a mi lado, tan cerca, que he llegado a apreciarte. Y digo apreciarte porque también es cierto que ha habido momentos en que te he detestado. Imagino que te ríes de mí porque nada puedo hacer. Tiempo…querido tiempo, muchas veces te he llorado y suplicado oportunidades pero tú mismo me haz enseñado que lo ido, lejos está. Pero tu contradicción se parece a mí, porque me dejaste las memorias para sentir la necesidad y la culpa? de escribir lo que ya no puedo decir.

Querido tiempo eres tan duro como yo misma. Y mejor te veo así, como mi fantasma constante esperando siempre por una acción, una respuesta, una palabra o muchas. Eres la aguja que vá caminando en círculos espirales ilógicos a veces y muy precisos siempre. Entonces me pierdo en tus espirales sin importar la dimensión porque tu huella en el mundo es el universo mismo. Y trazas tus caminos eternos y evolutivos, porque la huella de mis pies en la arena la borraste ayer y otra llegó, y otra y así hasta el infinito. No te cansas? No te enloquece tanto rumbo tantas andadas en tí mismo? Sábes? De todos los reclamos solo uno me importa y es, ojalá pudieras contestarme, ojalá tuvieras una cara física, ojalá pudiera escuchar tus respuestas y tus reclamos también.

Tiempo…me habría gustado tanto leer tus cartas. Te agradezco tus segundos, tus minutos, tus horas porque en mis ahogos de dolor te sentía tan lento, tan lento. Pero me pedías paciencia para cerrar las heridas, aliviar mis lágrimas, volver a sonreír, volver a ver la vida como un libro corto pero hermoso a pesar de todo. Hoy sé que tenías razón y lo demás, pues tendré que dejarlo para otro nivel tuyo, para el espacio que me reservarás en tus laberínticos tiempos. Esta carta te la debía desde mucho, a lo mejor desde que nací…Creo no será la última, aunque siempre puede ser. Ya te sentiré como todas las mañanas, ya me quejaré desde todos los ángulos, será que por ser artista soy inconforme? Será que siempre tengo que pensar y buscar las respuestas que no tendré? Será que te gusta escucharme los pasos por tus pasillos ancestrales mientras derramas granos de arena, números, fracciones de segundos?

Ay, mi tiempo! Qué esperas de mí? Que extraño placer derivas de mis años, mis recuerdos, mis insultos? Sábes, me río de nosotros y a veces me dá pena por tí que te gastas y renuevas sin poder inevitablemente descansar de tus largas horas. Tiempo, mi querido tiempo, devuélve la fuerza para seguir a tu lado. O mejor quédate conmigo, acompáñame en este nivel, sé testigo de mí, enséñame a decir lo que siento, a quien lo siento y cuando lo siento. Tiéndeme la mano aunque se escurra como arena entre mis dedos.

Ya por último, quiero que sepas tiempo, que aunque esté triste por muchas razones me siento tranquila porque estarás conmigo contando mis números hasta que la formula secreta de ellos te digan que he finalizado mis pensamientos.

Tu fiel acompañante,
N.

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