Radiografía de E., M. y A. (los sacerdotes de la inquisición actual)

En las doradas luces de noviembre, quisiera borrar de su estado la palabra celos.

Para luego descubrir que siempre juzga y atropella quien esconde debajo de su ala o de su colchón o de su alma la noticia que delatará su infame injusticia. La sombrita en los ojos, el borrón en el papel limpio. No puedo entender ese estado de frenesí agobiante. No puedo entender tanta asfixia. Tanta energía gastada en la mala sangre y en la mala leche. Tanta rabia contenida. Por que hay rabias y hay rabias. No puedo entender ésa precisamente la que no tiene sentido, la que no se corrobora, la que carece de pruebas definidas y solo por la inseguridad se tiene y se teme.

Me resisto a ésa y a la estúpida que enloquece por tener el control absoluto. Por dejarle saber a todos que es una princesa engreída que se lo merece todo, que así nací yo y es lo que mi mai me enseñó. Ahora entiendo que los celos son una cuestión genética-esqizofrénica que mutila las seguridades de las personas. Ahora entiendo que son una lección mortal no solo de madres a hijos sino de amores a otros. Porque quien fué celado en la agresividad de los eventos se convertirá en un celador atroz. La casualidad no existe para los perfectos. La casualidad y el destiempo es para nosotros los imperfectos, los nebulosos que satelitamos (no sé si existe ésta palabra o por ser imperfecta me la inventé) en la vida sin tener el agobio y la necesidad constante del acecho para sentirnos buenos dictadores. Porque las dictaduras no son solo políticas. Entonces la debilidad ocurre por la incomprensión que sentimos los de abajo, los que no sabemos nada, los que no nos atrevemos a "luchar" porque siempre es más fácil pedir explicaciones de dónde, cuándo y cómo.

Muy bien aprendieron la lección!! La infeliz lección que no los dejará nunca en paz, tampoco a nosotros los imperfectos reclusos de esta vida hecha para los locos desvariados. Y no, la locura no es para los perfectos, tristemente los imperfectos también la sufrimos. Unos maduran y crecen para ser feliz o al menos alcanzar una estabilidad emocional que no se rompa con unos minutos tarde. Otros siguen escudándose en los refranes dichos y re-dichos de mi mai así me enseñó, eso es lo que heredé, pues que se aguanten los demás. 

Tiene caso morirse de rabia y carcomio por unos retrasos en el reloj, por una llamada no contestada, por unas ideas siniestras y absurdas? Lo tiene? Tiene caso revelar una y otra vez que qué es lo que se tiene que esconder? En medio de la furia que provoca la irracionalidad saco de nuevo la marca de la falla, como quien tiene que sacar su hoja de los derechos civiles. Y leo cortante mis derechos y señalo asesina tus fallas. El medioevo vuelve a mí como un karma que tengo que pagar por bruja, por hechicera, por sonreír o por lo que sea. Imagino a los tres enfermos del mal de celos como unos sacerdotes cabrones y estrictos, inquisidores señalándome desde sus ropajes limpios en apariencia la suciedad de mi espíritu libre. Porque el amor en los tiempos de la inquisición no existió para los condenados, los que tenemos tranquilidad, los sencillos que creemos limpiamente. Y así los sacerdotes sienten la urgencia de aplastar, transgredir, mutilar las seguridades ajenas. 

Los tres sacerdotes que necesitan apagar la luz ajena para poder brillar, que necesitan herir para sentir su poder, que necesitan envenenar para sentir su paz. Ahora recuerdo que en medio del veneno suministrado algo de celos me dió y la quemazón es deprimente. No pude bregar, yo soy libre. No, yo no soy inquisidora, ni devarío en tales venenos, no necesito ejercer ningún poder sobre los demás, no soporto las dictaduras, bruja y hechicera porque sí, no soy de ese clan siniestro que necesitan justificar su debilidad con el encierro de los otros. Una radiografía para los tres dictadores E, M y A, qué pena me dan, y qué pequeños son.

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